23/03/2026 Lunes 5º de Cuaresma (Jn 8, 1-11)
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Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés ordena que dichas mujeres sean apedreadas; tú, ¿qué dices?
Quienes preguntan son los letrados y los fariseos, los líderes de la religión judía. Lo hacen para ponerle a prueba y tener de qué acusarlo. ¿Justicia o misericordia? ¿Será Jesús capaz de enfrentarse a la ley de Moisés? Jesús se lo toma con calma: Se agacha y con el dedo se pone a escribir en el suelo. Luego, como insisten en sus preguntas, se incorpora y les dice: Quien de vosotros esté sin pecado tire la primera piedra. ¿Soy sensato tirando piedras cuando mi techo es de cristal?
¿Qué hace Jesús escribiendo en el suelo? Me dice que la ley de Moisés, escrita sobre piedra, ya no rige. Que ahora legisla Él. Que nada hay escrito sobre piedra. Que todo puede borrarse pasando la mano por encima.
Contemplo la escena y trato de ver hasta qué punto puedo identificarme con los correctos y formales, con los guardianes de la ley. Soy como ellos cuando, no entendiendo que el pecador es una pobre víctima de su pecado, lo trato como a un sinvergüenza.
Contemplo la escena y trato de ver hasta qué punto puedo identificarme con la adúltera. Soy o he sido como ella en momentos del presente o del pasado en que he tocado fondo.
Contemplo la escena y trato de identificarme con Jesús. Siempre compasivo y misericordioso; siempre perdona sin requisitos previos: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.
Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona (Papa Francisco).
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