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23/07/2020 Santa Brígida (Jn 15, 1-8)

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; pues sin mí no podéis hacer nada.

Es una hermosa imagen de lo que significa ser cristiano. Conectados a Él como el sarmiento a la vid. Conectados con el resto de sarmientos través de la vid. Si tenemos claro que sin Él no podemos hacer nada, tendremos claro también que con Él lo podemos todo. No podemos fiarnos de nosotros mismos, de lo que sabemos, de lo que podemos; nos fiamos solamente de Él. Dice el Papa Francisco: La fecundidad de nuestras vidas no lo es por los resultados aparentes ni por los logros conseguidos, sino por lo que Dios hace en nosotros y con nosotros desde nuestra debilidad.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he dicho.

Podríamos pensar que los siete sacramentos tienen el monopolio de la comunicación de las gracias que recibimos. Debemos ampliar horizontes para hacerlos, en lo posible, como los de Dios. La garantía de nuestra limpieza y fidelidad es que la palabra de Jesús sea la luz de nuestra vida.

En consonancia con las palabras de Jesús, el Papa Benedicto nos habla de la sacramentalidad de la Palabra de Dios. Dice: En el origen de la sacramentalidad de la Palabra de Dios está precisamente el misterio de la Encarnación. Cristo, realmente presente en las especies del pan y del vino, está presente de modo análogo también en la Palabra proclamada en la liturgia El Papa Benedicto hace suyas las palabras de san Jerónimo: Las palabras QUIEN COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, aunque puedan entenderse como referidas también al misterio eucarístico, sin embargo, el cuerpo de Cristo y su sangre es realmente la palabra de la Escritura.

© 2019 Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra

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