24/10/2026 Sábado 29 (Lc 13, 1-9)
¿Pensáis que aquellos galileos, dado que sufrieron aquello, eran más pecadores que los demás galileos?
No hay relación de causa y efecto entre pecado y calamidad. Cuando los discípulos pregunten quién es el culpable de la ceguera del ciego de nacimiento, Jesús responderá: Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido para que se revele en él la acción de Dios (Jn 9, 3). El por-qué, el pasado, importa poco; lo que de verdad importa es el para-qué, el futuro.
Y les propuso la siguiente parábola: Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
La higuera es imagen de la pobre realidad humana; imagen de quienes vivimos replegados en nosotros mismos, incapaces de dirigir los ojos o el corazón hacia los demás. Dice santa Teresa: La pobre alma, aunque quiera, no puede lo que querría, ni puede nada sin que se lo den… Y es harto boba de fatigarse; porque, aunque haga lo que es en sí, ¿qué podemos pagar los que no tenemos qué dar si no lo recibimos?
La parábola es una invitación a la humildad, abrazando la propia pobreza: Así dice el Señor…, en ése pondré mis ojos: en el humilde y en el abatido que se estremece ante mis palabras (Is 66, 2).
La parábola es una invitación a la confianza. A mirar que nos mira. A entender que su misericordia nunca se agota. Porque Dios es paciente, como el padre del pródigo. Porque Dios nunca se cansa, como el pastor que sale en busca de la oveja perdida y no descansa hasta haberla encontrado. Porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 4).
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