25/06/2026 Jueves 12 (Mt 7, 21-29)
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No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
La voz de Jesús se une al coro de profetas que lamentaban la incongruencia del culto judío. Isaías, por ejemplo: Este pueblo se me acerca con la boca y me glorifica con los labios, mientras su corazón está lejos de mí, y su culto a mí es precepto humano y rutina (Is 29, 13). El verdadero culto comienza con el cumplimiento de la voluntad del Padre. Voluntad del Padre que Jesús resume en el amor al prójimo. Si esto falta, lo demás es pasatiempo vacío de contenido.
Jesús, como conclusión del sermón de la montaña, nos invita a vivir con congruencia; o nuestra vida adolecerá de inestabilidad y desequilibrios. Nos invita a edificar nuestra casa sobre roca firme: El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca.
Como comentando estas palabras de Jesús, san Pablo nos pide que edifiquemos sobre el cimiento de los apóstoles, con Cristo Jesús como piedra angular (Ef 2, 20). Así podremos repetir y saborear las palabras del salmo: ¡Yo te amo, Señor, mi fortaleza! ¡Señor, mi peña, mi alcázar, mi libertador!, ¡Dios mío, roca mía en que me refugio! (Salmo 18, 2-3).
Escuchar y poner en práctica las palabras de Jesús. Esto es construir sobre roca; en esto consiste ser cristiano. Primero, escuchar. No basta, pero es fundamental. Y debemos tener esto especialmente presente quienes hemos crecido en ambientes de cristiandad acostumbrados a depender de tradiciones y devociones más que de la escucha y familiaridad con la palabra de Dios, especialmente en los Evangelios.
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