23/06/2026 Martes 12 (Mt 7, 6; 12-14)
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No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas y después, volviéndose, os despedacen.
Es la primera de una serie de sentencias de Jesús que el Evangelista ha recogido en el Evangelio de hoy; sentencias pronunciadas por Jesús en momentos diferentes. ¿Qué quiere decirnos Jesús con la primera de ellas, la de no echar a los perros lo que es santo? Nos quiere decir que seamos discretos al presentar las perlas del Evangelio; puede ser contraproducente cuando lo hacemos ante gente no preparada. Jesús mismo reservaba algunas cosas solo para los oídos de los discípulos. San Pedro se queja de que los inexpertos y vacilantes deforman para su perdición algunos temas que Pablo trata en sus cartas (2 P 3, 16). Jesús nos quiere decir también que no banalicemos lo sagrado. ¿No estaremos haciéndolo con algunos sacramentos transformados en eventos sociales, como bodas o primeras comuniones?
Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros.
San Pablo escribe a la comunidad cristiana de Roma: No tengáis deuda con nadie, si no es la del amor mutuo. Pues el que ama al prójimo tiene cumplida la ley (Rm 13, 8).
Entrad por la puerta estrecha.
Si grandes o gordos, no pasamos. Es necesario mantenernos a dieta para que no acumular grasas o colesteroles espirituales. Pero, ¿hay otras puertas? Yo soy la puerta (Jn 10, 9). No hay otras puertas. Lo parecen, pero no lo son. Intentamos pasar por ellas, pero nos damos de narices contra un muro. Jesús es puerta estrecha porque, quien quiera salvar su vida que me siga; niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24-25).
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