26/03/2026 Jueves 5º de Cuaresma (Jn 8, 51-59)
- hace 2 horas
- 2 Min. de lectura
Os aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte.
Para quien cumple su palabra la muerte no es sino un sueño fugaz. Claro que para cumplir su palabra es preciso conocerla. Pero que no sea un conocimiento superficial, tampoco meramente intelectual, sino que la Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza (Col 3, 16). Poneos el casco de la salvación, y empuñad la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Ef 6, 17).
Es cierto que existe una forma de vivir lo cristiano que parece dar suficiente sentido a la vida. Así lo hacen quienes viven lo cristiano más como una elevada cultura que como una relación personal con Jesús. Pero se trata de un cristianismo que queda lejos del sentido de plenitud de quien vive de la fe en Jesús; a lo san Pablo: Esta vida en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2, 20).
Son muchos los cristianos que desconocen la Palabra de Dios. Hombres y mujeres santos que, desconociendo la Palabra de Dios, desconocen a Jesús y, por tanto, viven ajenos a la experiencia de salvación. Se parecen a aquellos judíos que presumían de pertenecer al linaje de Abrahán y de cumplir fielmente la ley, pero tenían un corazón vacío de Dios.
Os aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte.
Jesús repite esto mismo en otros momentos: El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás (Jn 11, 25-26). Este es el pan que baja del cielo para que quien lo coma no muera (Jn 6, 50).
Comentarios