22/05/2026 Viernes 7º de Pascua (Jn 21, 15-19)
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Cuando terminaron de comer.
Cuando el ambiente es más distendido. Cuando es menor el desasosiego de Pedro por sus negaciones. Muy delicado este Señor nuestro.
Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
Hace pocos días Pedro había proclamado: Aunque todos fallen, yo no (Mc 14, 29). La pregunta a Pedro va marcar un antes y un después en su vida; Pedro será más humilde. Es misma pregunta nos la hace el Señor a nosotros: ¿Me amas? Que esta pregunta resuene en nosotros, especialmente cuando nos encontramos ante un enfermo, un anciano, un necesitado. Porque lo que hayáis hecho a uno solo de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25, 40). Lo más importante en la vida de todo discípulo es ese ¿me amas? Podremos estar atareados con tantas cosas, pero todo pasa a segundo plano ante Él.
Apacienta mis ovejas.
Nosotros, dice el Papa Francisco, somos sus ovejas, su rebaño, y solo lo somos juntos, unidos. Superemos las polarizaciones y defendamos la comunión, convirtámonos cada vez más en una sola cosa, como Jesús suplica antes de dar la vida por nosotros.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
A todos nos llega el momento de ceder el control de nuestra vida; especialmente con la edad. De todos modos, lo central en la vida del discípulo, ese ¿me amas?, eso no cambia nunca.
Me llevarán en silla de ruedas, me podré sentir inútil y ser una carga para mis hermanos… No importa. El ¿me amas?, y el sígueme, tendrán siempre la misma vigencia.
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