26/10/2026 Lunes 30 (Lc 13, 10-17)
Estaba un sábado enseñando en una sinagoga.
Sucede en sábado, tiempo sagrado; y en una sinagoga, lugar sagrado. Recluir la sacralidad a unos espacios o tiempos limitados significa anular la sacramentalidad de todo momento, de todo lugar, de toda circunstancia. Desde la Encarnacion, Dios es comulgable en todo momento, lugar o circunstancia. Y en todo momento, lugar o circunstancia podemos ser enderezados; todo es sagrado.
Había allí una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada y no podía en modo alguno enderezarse.
Hemos sido creados para caminar erguidos, con la frente alta, los ojos en el horizonte. Pero son muchos los que vamos por la vida encorvados por miedos, compulsiones, escrúpulos… Y no disfrutamos del regalo de la vida. La mujer encorvada representa al ser humano abrumado por tantas cargas, angustias, servidumbres. Representa también a las personas religiosas que creen caminar en la ley del Señor por el camino de la rigidez legalista, sin entender que lo que el Señor quiere de ellas es la blandura de la misericordia, de la mansedumbre y de la humildad. Aquel jefe de la sinagoga, lleno de santo celo decía: Hay seis días en que se puede trabajar; venid pues esos días a curaros, y no en día de sábado. También él vive encorvado; pretende que Dios se sujete a normas humanas, cuando para Dios todos los días son sábado, o domingo, o lunes.
¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?
Seamos valientes para preguntarnos si no tenemos también nosotros algo de hipócritas; si no nos comportamos a veces como actores ofreciendo un espectáculo que no vivimos interiormente.
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