27/02/2026 Viernes 1º de Cuaresma (Mt 5, 20-26)
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Os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de Dios.
Escribas y fariseos están convencidos de estar en posesión de la verdad. Ahora viene Jesús y proclama: Habéis oído que…, pero yo os digo que… Así que deciden eliminarlo creyendo hacer un servicio a Dios.
San Pablo, fariseo antes de su conversión, conoce de primera mano la justicia farisea: Doy testimonio a su favor de que sienten celo por Dios, aunque mal entendido. Pues no reconociendo la justicia de Dios y queriendo afirmar la propia, no se sometieron a la justicia de Dios (Rm 10, 2-3).
La justicia farisea sigue presente en nuestros días; con especial evidencia en grupos eclesiales apegados a las tradiciones del pasado. La tradición se convierte en traición cuando hacemos de ella punto de referencia del presente: El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el Reino de Dios (Lc 9, 62).
Un autor actual escribe: Mientras pensemos que, con un poquito más de esfuerzo, más sacrificio, podremos dominar el pecado es que aún no hemos entendido nada. Este comportamiento es otra forma de matar la gratuidad y despreciar a Jesucristo. Nos seguimos mirando a nosotros mismos y seguimos intentando encontrar en nosotros la salvación.
Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, y vete primero a reconciliarte con tu hermano.
No es posible estar a bien con Dios sin estar a bien con los prójimos. El altar preferido de Dios son ellos. Aprovecharemos el momento penitencial eucarístico para, más allá de los sentimientos, pedir sinceramente la reconciliación con los prójimos más problemáticos.
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