27/7/2026 Lunes 17 (Mt 13, 31-35)
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El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo.
Con la parábola de la más pequeña de las semillas, Jesús quiere infundir confianza. La necesitamos, ya que nuestros ojos miopes nos desaniman fácilmente ante situaciones complicadas de la vida. Obtenemos esa confianza cuando lo vemos todo con los ojos de la fe; fe en el amor infinito, universal y gratuito de Dios. Cuando lo vemos todo así: lo grande y lo pequeño, las personas y los acontecimientos; hasta mis propias miserias. Isabel de la Trinidad escribe: He aquí un hecho consolador: mis aversiones, mi ignorancia, hasta mis propios defectos cantan la gloria del eterno.
Como un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo. Jesús nos invita a serenar impaciencias: Hermanos, tened paciencia hasta que vuelva el Señor. Fijaos en el labrador: cómo aguarda con paciencia hasta recibir la lluvia temprana y tardía con la esperanza del fruto valioso de la tierra. Tened vosotros paciencia, fortaleced el ánimo, que la llegada del Señor está próxima (Sant 5, 7-8).
La parábola se hace eco de las palabras del profeta: Todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y elevo al árbol humilde, hago secarse al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, he hablado y lo haré (Ez 17, 24).
El Reino de los Cielos se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.
Jesús, de niño, observaba a mamá poniendo un pellizco de levadura en la masa de harina. Y hacía preguntas. Las respuestas de mamá no eran científicas, pero sí convincentes; sabía que la masa se convertía en pan.
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