28/03/2026 Sábado 5º de Cuaresma (Jn 11, 45-57)
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La resurrección de Lázaro ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de las autoridades judías: Si lo dejamos seguir así todos creerán en Él.
Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, dijo: No entendéis nada. ¿No veis que es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que muera toda la nación?
Caifás es un instrumento de Dios proclamando que Jesús muere por todos. Caifás, hombre inteligente, ha captado que la manera de entender lo religioso por parte de Jesús, puede destruir el sacrosanto estilo de vida del pueblo elegido. Jesús, después de devolver la vida a Lázaro, ha dicho: Desatadlo y dejadle andar. A buen entendedor, pocas palabras: la religión judía, maniatada por tantas normas, ha quedado obsoleta.
Así, a partir de aquel día, acordaron darle muerte.
Las autoridades judías han sido testigos de la resurrección de Lázaro. Pero ningún milagro puede traspasar el blindaje con que se han acorazado ante Jesús. Como dice el Papa Francisco, el insensato cree que escucha, pero no escucha. Está a lo suyo, siempre. Y por esto la palabra de Dios no puede entrar en el corazón y no hay lugar para el amor. Jesús se ha convertido en un serio problema de conciencia para aquellos hombres tan formales y cumplidores. No se pueden permitir poner en riesgo la religión. Matar a Jesús será un servicio a Dios. ¡Qué fácilmente puede deformarse la conciencia!
La contemplación de estos hombres debería hacernos recapacitar. Y concluir que, en ocasiones, tendremos que aceptar la posibilidad de decidir contra lo que nos dicta la conciencia. Claro que después de haberlo discernido con otros y, sobre todo, después de haberlo ponderado a la luz de la Palabra de Dios.
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