26/05/2026 San Felipe Neri (Mc 10, 28-31)
- hace 5 horas
- 2 Min. de lectura
Pedro entonces le dijo: Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido.
Un buen hombre ha acudido en busca de luz, pero se ha marchado entristecido, incapaz de seguir el consejo de Jesús porque tenía muchos bienes. Jesús ha comentado: ¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios! Es el momento de la intervención de Pedro. En el Evangelio de Mateo, más explícito, añadía: ¿qué recibiremos, pues? (Mt 19, 27). No es cosa sencilla entrar en la órbita del amor gratuito en la que gira la vida del Maestro; eso es cosa del Espíritu. A Pedro le queda mucho camino antes de hacer suyas las palabras del poeta místico: No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido…
Jesús, muy comprensivo, promete a Pedro, y a todo creyente, más de lo que podríamos soñar: Yo os aseguro que todo el que deje casa o hermanos…, ha de recibir en esta vida cien veces más con persecuciones…, y en el mundo futuro vida eterna.
En esta vida cien veces más. Jesús piensa, en primer lugar, en que siguiendo a Jesús, alcanzamos una plenitud de vida, vida en abundancia (Jn 10, 10), desconocida para el no creyente. Pero, tras mencionar las grandes ganancias del discipulado, Jesús añade:
Con persecuciones. Forman parte de la vida, tanto de quien sigue a Jesús como de quien no le sigue: persecuciones, rechazos, incomprensiones, disgustos…Quienes le seguimos no esperemos tener resueltos los problemas. La cruz es parte esencial del camino: Mientras otros buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado; escándalo para los judíos, locura para los gentiles, mas para los llamados, un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1, 22-24).
Comentarios