28/04/2026 Martes 4º de Pascua (Jn 10, 22-30)
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Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación.
En la fiesta de la Dedicación, o Janucá, los judíos conmemoraban, y siguen conmemorando, la reconsagración del templo por los Macabeos el año 164 a. C. (1 Mac 4, 36). Cuando Judas abandone la última cena, el Evangelista comentará: Era de noche (Jn 13, 30). Ahora, con Jesús rodeado de dirigentes religiosos hostiles, dice: Era invierno. El culto judío ha quedado frío; se agotó su vitalidad.
Jesús se paseaba por el templo…. Le rodearon los judíos y le decían: ¿Hasta cuándo nos tendrás en vilo? Si eres el Mesías, dilo claramente.
Jesús responde remitiendo a sus obras. La más reciente, la curación del ciego de nacimiento. Pero, como no hay sintonía entre los dirigentes judíos y Jesús, cualquier milagro será inútil. También el que realizará muy pronto resucitando a Lázaro.
No creéis porque no sois de mis ovejas. Sus ovejas escuchan su voz; ellos no le escuchan. Tienen sus oídos interiores taponados por la complacencia y el inmovilismo de una religiosidad momificada. Esto es un toque de atención para nosotros. Si queremos que nuestra fe y nuestro culto no se diluyan en formas decadentes de religiosidad debemos empeñarnos en mantener en el centro de nuestra vida la Palabra de Jesús. Siempre a la escucha, con corazón abierto.
Nadie puede arrancar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos uno.
Hoy en día hablamos mucho de crisis religiosa. El hecho de que muchos no acudan a nuestras iglesias no quiere decir que esos hombres y mujeres queden fuera de las manos de Dios. Dios tiene sus maneras de conducir a cada uno de sus hijos por caminos desconocidos para nosotros.
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