31/10/2026 Sábado 30 (Lc 14, 7-11)
Observando cómo escogían los puestos de honor, dijo a los invitados esta parábola.
Es la introducción a la parábola de los primeros puestos. También podríamos llamarla parábola de la humildad, porque Jesús la concluye así: Quien se ensalza será humillado, y quien se humilla será ensalzado.
A todos nos gusta ser reconocidos y valorados. Unos buscamos el reconocimiento de forma más discreta, otros de forma más llamativa. Jesús nos aconseja evitar ser fatuos; es una forma de insensatez muy contraproducente. Vivimos en una sociedad que aplaude las apariencias y repudia la sencillez, y no es tan sencillo evitar la arrogancia y la pedantería. De todos modos, el ser humilde va más allá de conductas más o menos sensatas.
Santa Teresa habla mucho de la humildad, tanto de la falsa como de la verdadera. De la falsa dice que consiste en menospreciarse o en fingir pequeñez, lo cual es una forma disfrazada de soberbia; que es falsa humildad el no reconocer los dones recibidos y esconderse por miedo… De la verdadera humildad dice que es fuerte y valiente; que consiste en andar en verdad; que es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira… A quien Dios atrae hacia sí, le da más pena la honra que la deshonra. Quien muy de veras ama a Dios, no ama honras.
San Pablo dice: Pues quien piensa ser algo, no siendo nada, él mismo se engaña (Ga 6, 3). ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (1 Cor 4, 7). No hagáis nada por ambición o vanagloria, antes con humildad tened a los otros por mejores (Flp 2, 3).
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