02/01/2026 Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno (Jn 1, 19-28)
- Angel Santesteban

- hace 8 horas
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Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú?
La figura del Bautista ha despertado la expectación del pueblo. Aunque en las autoridades religiosas lo despertado ha sido la inquietud, más que la expectación. Y quieren saber si Juan es o no es el Mesías. La respuesta: Yo no soy el Cristo… Yo soy la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor. Juan era la voz, Cristo la Palabra eterna que habitaba junto al Padre. La voz es solo sonido; la Palabra es sentido y contenido (San Agustín).
¿Quién eres tú? Es un ejercicio saludable intentar responder a esta pregunta como dirigida a mí mismo, mirando a lo más profundo de mi ser. Debería encontrar lo esencial de mi identidad en mi relación con Jesús. Y entender y proclamar que, sin Él, la vida carece de sentido.
El Bautista, como todos los que nos movemos en la órbita de la fe, no lo tiene ni lo tendrá nunca claro. Es que la voz, sin palabras que la articulen, es solo ruido. Y como tampoco sabe bien en qué consiste esa palabra a la que presta la voz, la de Juan será una vida llena de interrogantes. Al final de su vida él preguntará: ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? (Mt 11, 3).
De todos modos, quienes proclamamos a Jesús Señor y Salvador, estamos llamados a ser sus testigos, como el Bautista. Llamados a dar testimonio de que nada propio importa en la vida; que en la vida solamente importa lo suyo. Y que es ahí, precisamente, donde encontramos la mayor plenitud posible en este mundo.
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