03/03/2026 Martes 2º de Cuaresma (Mt 23, 1-12)
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En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Lo que os digan ponedlo por obra, pero no los imitéis; pues dicen y no hacen.
Hasta este momento, escribas y fariseos han llevado la iniciativa hostigando a Jesús. Hasta que Jesús les ha cerrado la boca: Desde ese día nadie se atrevió a hacerle preguntas (Mt 22, 46).
No pensemos que, no siendo escribas o fariseos, este Evangelio no nos incumbe. Jesús dirige sus palabras a la gente y a los discípulos. Sabemos que todos somos capaces de adoptar con suma facilidad actitudes de prepotencia y superioridad. Sabemos que todos nosotros debemos empeñarnos en imitar a quien, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de esclavo (Flp 2, 5-6). Por eso que el primero entre vosotros será vuestro servidor. El servicio es el alma de la convivencia cristiana.
Se han sentado. Es propio de los escribas y fariseos de todos los tiempos vivir sentados. Eso hacemos cuando abandonamos la búsqueda; cuando nos sentimos satisfechos con lo sabido y lo logrado. Todo hijo de Adán esconde un fariseo. A todos nos resulta sencillo creernos superiores y mejores que otros. A todos nos complacen la admiración y el reconocimiento. A todos nos es necesario acercarnos cordialmente a quien dijo: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29). El proceso es lento. Se lleva a cabo a base de presencia junto al Crucificado. María de Nazaret lo hizo mejor que nadie: El Señor ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava (Lc 1, 48).
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