02/04/2026 Jueves Santo (Jn 13, 1-15)
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El Evangelista Juan introduce la última cena y el relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús con estas estupendas palabras: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Hasta el extremo. Esta es la realidad que empapa toda realidad; esto es algo que el Evangelista Juan tiene muy claro y repite de mil formas en su Evangelio y en sus cartas. Como cuando transcribe estas palabras de Jesús: Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos (Jn 15, 13). O como cuando dice en su primera carta: En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros (1 Jn 3, 16). San Pablo vivió intensamente esta realidad. Dice en la carta a los Gálatas: Esta vida en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2, 20).
A Pedro le costó más que a Juan asimilar esto. Le costó mucho aceptar que la cosa no consiste en lo que nosotros hacemos por Él, sino en lo que Él hace por nosotros. Pedro no acepta que Jesús se arrodille a sus pies Señor, ¿tú lavarme a mí los pies? A todos nos cuesta entender que Dios es Amor y que, por tanto, Dios no puede dejar de amar. No pretendamos convertirnos en protagonistas de nuestra salvación. No pretendamos hacer del pecado la bandera de nuestro yo. Aprendamos a abandonarnos en sus manos, a fiarnos de Él como el bebé se fía de papá y de mamá.
Así lo han vivido y así nos enseñan los grandes amigos de Dios. San Juan de la Cruz nos dice: Pon los ojos solo en Él. Que nada nos distraiga de esa tarea. Tampoco nuestros pecados. Porque Él nos amó hasta el extremo. Que estas tres palabras, hasta el extremo, nos acompañen en todo momento e inspiren toda nuestra vida.
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