30/05/2026 Sábado 8º (Mc 11, 27-33)
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Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.
Nos pedirá ser mansos y humildes de corazón, como Él (Mt 11, 29). Nos dirá que cuando nos abofeteen en una mejilla, ofrezcamos la otra (Mt 5, 39). Pero hoy nos enseña a no dejarnos amedrentar por quienes nos acosan; nos recuerda que debemos ser cautos como serpientes y cándidos como palomas (Mt 10, 16).
Los dirigentes judíos se encaran con Jesús: ¿Con qué autoridad haces esto? Él acaba de expulsar del templo a los traficantes. Jesús condiciona su respuesta a la que reciba de los líderes judíos sobre el bautismo de Juan: ¿era del cielo o de los hombres? Como ellos prefieren no responder, tampoco Él lo hace. Entiende que no es posible un debate sereno con aquellos hombres. Y pone en práctica aquello de no dar a los perros lo que es santo (Mt 7, 6).
San Pablo, que también supo mucho de enfrentamientos, aprendió a mantenerse firme ante sus adversarios. A los cristianos de Roma les dice: Quiero que seáis sensatos para el bien e inmunes al mal (Rm 16, 19). Y a los de Éfeso: Así no seremos como niños, juguetes de las olas, zarandeados por cualquier ventolera de doctrina, por el engaño de la astucia humana, por los trucos del error (Ef 4, 14).
¿Con qué autoridad haces esto?
Para aquellos dirigentes judíos, autoridad es sinónimo de poder; poder que tiene como punto de referencia la ley. Para Jesús, autoridad es sinónimo de servicio; servicio que tiene como punto de referencia la persona humana: No ha de ser así entre vosotros, sino el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos (Mc 10, 43-44).
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