02/06/2026 Martes 9º (Mc 12, 13-17)
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Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
No es sencillo estar en el mundo sin ser del mundo. Como no es sencillo discernir el grado de implicación del creyente, o de la Iglesia, en la cosa pública (res-publica). Jesús nos está diciendo hoy que ni es correcto separar totalmente fe y política, ni es correcta una intervención indiscriminada. Fe y política son realidades distintas pero cercanas.
Lo cierto es, como dice el Papa León XIV en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, que el anuncio del Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos. La comprensión de la verdad como un don que hay que compartir y no como una posesión que hay que reclamar, libera a la Iglesia de la tentación de añorar formas de presencia basadas en el poder.
Nada era ajeno a Jesús, nada es ajeno a Dios. Tan poco evangélico es desentenderse de los asuntos del mundo, como echar mano de la religión para imponer políticas que entienden la autoridad como dominio y no como servicio. Los que preguntan a Jesús si es lícito pagar tributo al César son personas muy religiosas y muy respetables. Forman un grupo sólido, bien estructurado.
Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
Jesús nos está advirtiendo del peligro de dejarnos atrapar por las estructuras de pecado del mundo. Él nunca usa del poder para llevar a cabo su misión. Quienes hemos apostado por el Reino de Dios nos quedamos, como Él, con la moneda de más valor en el Reino: la del ser humano. Cumplimos, sí, nuestros deberes cívicos, pero no nos dejamos configurar por ningún poder enfrentado al Evangelio.
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