03/01/2026 Santísimo Nombre de Jesús (Jn 1, 29-34)
- Angel Santesteban

- hace 4 horas
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Juan Bautista ve a Jesús venir hacia él y dice: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
La expresión Cordero de Dios aparece varias veces en la misa, pero no tiene para nosotros el significado que tenía para los judíos, que asociaban el cordero con su fiesta mayor: la Pascua. Con la sangre del cordero pascual marcaron la puerta de sus casas en Egipto: Cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora cuando yo pase hiriendo a Egipto (Ex 12, 13).
Tampoco parece impactarnos demasiado lo de: que quita el pecado del mundo. ¿Quizá nos impacte más si usamos verbos como eliminar, abolir, extirpar? Quizá. Es muy importante asimilar plenamente estas palabras. Como lo hizo santa Teresita: Aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles, seguiría teniendo la misma confianza; sé que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua arrojada en una hoguera encendida.
Juan Bautista entiende el pecado como ofensa a Dios; Jesús entiende el pecado como aquello que más daño hace al hombre. Cuando Jesús dice a la adúltera: Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más (Jn 8, 11), le está diciendo que procure ser sabia para no autolesionarse. El Bautista vitupera al pecador, Jesús se compadece de él.
Jesús es el Cordero que quita el pecado del mundo. Lo hace cargándolo sobre sus propios hombros, como hizo el pastor con la oveja extraviada. Pastor y Cordero. Las dos imágenes se funden la persona de Jesús. Solamente da la vida quien la entrega: El buen pastor da su vida por las ovejas. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10, 10-11).
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