03/02/2026 Martes 4º (Mc 5, 21-43)
- Angel Santesteban

- hace 6 horas
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Le seguía un gran gentío que lo apretaba por todos lados.
Lo apretaban por todos lados, pero solamente el contacto de una mujer enferma resultó sanador. Porque fue hecho con fe: Hija, tu fe te ha salvado. Jesús percibe de inmediato la conexión de fe y, para sorpresa de sus discípulos, dice: ¿Quién me ha tocado el manto? Nosotros, cercanos a Jesús y siempre en contacto con Él, haremos bien en entender esta pregunta como una invitación a buscar una fe más profunda en esos contactos.
La fe es también protagonista en el milagro de la hija de Jairo. Cuando le llega la noticia de que su hija ha muerto y que, por tanto, ya no vale la pena importunar más al Maestro, Jesús lo oye y se apresura a decirle: No temas; basta que tengas fe.
Los dos milagros del Evangelio están relacionados por una fe deficiente de los agraciados. La de la mujer, por actuar condicionada por el miedo y la vergüenza. La de Jairo porque, creyendo en Jesús, no piensa que su poder alcance a superar incluso la muerte.
Es consolador ver cómo Jesús se contenta con una fe de pocos quilates. Todos podemos presumir de fe deficiente; todos pensamos que unas cosas son posibles y otras no. Hay momentos en la vida en que nos vemos como muertos, totalmente desanimados. Momentos en que nos da casi lo mismo rezar un rosario que tirarnos por la ventana. La fe parece muerta. Las tinieblas nos rodean. Entonces debemos esforzarnos en repetir, aunque no sintamos nada, las palabras de Jesús a Jairo: No temas; basta que tengas fe. Y mantenernos junto a Él, pegados a Él, apretando entre las manos el libro de los Evangelios.
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