03/06/2026 San Carlos Luanga y compañeros (Mc 12, 18-27)
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Se le acercan unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección.
Con su extravagante historia, los saduceos se burlan de Jesús porque cree en una vida después de la muerte. Jesús les escucha con calma; luego desenmascara su analfabetismo ya que no saben leer las Escrituras: No es un Dios de muertos, sino de vivos. Andáis muy descarriados.
Es un error entender la vida futura desde los parámetros de la vida presente. Es imposible tener la mínima idea de cómo será aquello. Como es imposible es para el ser humano, mientras vive en el seno de su madre, comprender cómo será su vida fuera del seno materno.
Los saduceos formaban un grupo pequeño pero influyente en el mundo judío. Eran conservadores rigurosos; aceptaban solamente los cinco primeros libros de la Biblia. Lo que no allí no veían, como la reciente creencia en la vida futura, lo rechazaban. No aceptaban la evolución de la revelación. No eran como el amo de casa que saca de su alacena cosas nuevas y viejas (Mt 13, 52). El seguidor de Jesús no es saduceo; porque ilumina su vida con la Palabra de Dios, con las Escrituras.
Para Jesús, la vida presente es preludio de la futura, ya que el amor de Dios lleva consigo la exigencia de eternidad. Para la fidelidad de Dios es inaceptable que su criatura desaparezca en la nada.
San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: Si hemos puesto nuestra esperanza en el Mesías solo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión (1 Cor 15, 19). Y a los de Colosas: Que con alegría deis gracias al Padre que os capacitó para compartir la suerte de los consagrados en el reino de la luz (Col 1, 12).
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