03/09/2026 San Gregorio Magno (Lc 5, 1-11)
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Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca.
Preciosa estampa. Jesús sentado en la barca; la gente que escucha desde la playa; la inmensidad del lago como telón de fondo… Aunque no se nos dice qué enseña, vemos cómo lo hace.
Y cuando acaba de hablar dice: Remad mar adentro y echad las redes para pescar. Los dos hermanos, Pedro y Andrés, están limpiando las redes después de una noche de trabajo inútil. Están cansados porque: Maestro, hemos bregado toda la noche y no hemos sacado nada. Por respeto no dicen que les parece inútil echar las redes, y que no hay nada que hacer; por respeto no dicen que, en asuntos de pesca, los expertos son ellos. Obedecen sin convencimiento alguno: Pero, por tu palabra, echaremos las redes.
El Papa Francisco decía que el mayor milagro realizado por Jesús para Simón y los demás pescadores decepcionados y cansados, no fue tanto la red llena de peces, como haberlos ayudado a no caer víctimas de la decepción y el desaliento ante las derrotas.
Remad mar adentro. Estas palabras deben resonar en nuestro interior cuando nos vemos asaltados por el desaliento; cuando los resultados de la lucha no se corresponden con nuestras expectativas. Jesús nos invita a insistir, a no dejarnos arrastrar por la resignación, a confiar: Por tu palabra, echaré las redes. El resultado será deslumbrante.
Al verlo, Simón Pedro se puso de rodillas delante de Jesús y le dijo: Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador.
Pedro ha sido deslumbrado. Así comienza a descubrir el misterio de Jesús. Así experimenta el profundo estupor que invade a la persona a la que Dios se revela. En Jesús, el hombre, Dios se revela a Pedro rebosante de humanidad.
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