04/02/2026 Miércoles 4º (Mc 6, 1-6)
- Angel Santesteban

- hace 5 horas
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¿De dónde saca éste todo eso?… ¿No es éste el carpintero?... Y se escandalizaban a causa de Él.
Son sus paisanos y amigos de infancia quienes reaccionan con el rechazo. Lo que saben de Él se convierte en un escollo para acoger sus palabras. El supuesto conocimiento de su persona les cierra el camino de la fe. Es que el verdadero conocimiento de Jesús no es cosa de información, sino de seducción. Algo parecido a lo sucedido aquel día en Nazaret, sucede hoy entre los nacidos en ambientes cristianos. El Papa Francisco dice: Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera: se repiten los gestos y signos de fe, pero no corresponden a una verdadera adhesión a la persona de Jesús y a su Evangelio.
Quizá haya que decir, como excusa de aquellos nazarenos, que Jesús no predica cosas sabidas. Lo que predica resulta demasiado novedoso para hombres y mujeres apegados a venerables costumbres y tradiciones. Es que lo de Jesús es siempre novedoso y siempre sorprendente; creer que ya se ha alcanzado la posesión de la verdad es quedarse fuera de ella. ¡Qué difícil aceptar a un Dios distinto!
No pudo hacer allí ningún milagro. Y se extrañó de su falta de fe.
Suena fuerte: No pudo. Suena fuerte también: Se extrañó de su falta de fe. Pero, por qué los paisanos de Jesús reaccionan con tan fuerte rechazo? Porque Jesús mencionaba tan solo palabras sobre la gracia. Y a todos se nos hace muy complicado aceptar que todo es gracia.
Contemplamos a este Jesús afrontando la incredulidad de los suyos. No achaquemos la incredulidad actual a eclesiásticos incompetentes o indignos. A Jesús le sucedió lo mismo: Vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1, 11).
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