04/03/2026 Miércoles 2º de Cuaresma (Mt 20, 17-28)
- hace 3 horas
- 2 Min. de lectura
Cuando Jesús subía hacia Jerusalén, tomó aparte a los Doce y por el camino les dijo: Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado…
Es el tercer anuncio de la Pasión. La primera vez, Pedro trató de razonar con Jesús (Mt 16,21). La segunda, los discípulos se entristecieron mucho (Mt 17, 23). Ahora son Santiago y Juan, dos fervorosos discípulos que, con su madre Salomé, nos demuestran que la cruz no entra en los planes de sus seguidores y seguidoras. El pasaje paralelo de Lucas dice: Ellos no comprendieron nada de esto (Lc 18, 31).
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacer una petición.
No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?
La copa que tanto le costó beber a Él: Padre mío, si es posible que pase de mi esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú (Mt 26, 39). Los discípulos, que no tienen idea del significado de la copa, dicen que sí pueden beberla. Jesús se muestra paciente. También ellos llegarán a comprender la ciencia de la cruz. Llegarán adonde llegó Pablo: La locura divina es más sabia que los hombres, y la debilidad divina más fuerte que los hombres (1 Cor 1, 25). Y en otra parte: Cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte (2 Cor 12, 10).
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos.
Para todos significa mucho la propia honra. No es sabio achacar a personajes de la vida pública su ambición de poder. Todos estamos tocados por el mismo pecado. A todos nos viene bien escuchar: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro servidor.
Comentarios