04/06/2026 Jueves 9º (Mc 12, 28b-34)
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Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el precepto más importante?
Para aquel escriba, como para todo aquel que no forma parte del grupo de seguidores de Jesús, suficientes son los mandamientos de Moisés que se resumen en el amor a Dios y al prójimo.
El Papa Francisco decía: Sería ilusorio pretender amar al prójimo sin amar a Dios y sería también ilusorio pretender amar a Dios sin amar al prójimo. Las dos dimensiones, por Dios y por el prójimo, en su unidad, caracterizan al discípulo de Cristo.
De todos modos, a quienes formamos parte del grupo de sus seguidores, Jesús nos dice algo distinto. Nos dice que todo se resume en el amor al prójimo. Lo repite con insistencia en la mesa de la última cena: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado (Jn 13, 34). Y también: Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado… Lo que os mando es que os améis los unos a los otros (Jn 15, 12 y 17). Todavía más: En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros (Jn 13, 35).
San Juan lo dice de forma contundente: Si alguno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso (1 Jn 4, 20). No hace sino glosar lo dicho por Jesús: Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25, 40).
Al amor por la fe; con el perdón. Porque a quien poco se le perdona, poco amor muestra (Lc 7, 47).
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