06/06/2026 Sábado 9º (Mc 12, 38-44)
- hace 5 horas
- 2 min de lectura
Guardaos de los letrados.
Mejor no perder demasiado tiempo con estos profesionales de la religión; son modelos de lo que NO debemos ser.
Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que todos los demás.
Esta pobre viuda sí merece más atención; ella sí es modelo de lo que debemos ser. Ha entendido y vive con naturalidad la radicalidad del Evangelio. Evangelio que es cosa de los pequeños y de los anónimos; que resultan ser los grandes ante Dios. Jesús queda fascinado ante la obra del Espíritu en algunas personas.
La pobre viuda vive la gratuidad; se le ha dado poseer la perla más preciosa. Sin gratuidad, la religión cristiana pierde su esencia. Sin gratuidad, Dios queda relegado a un segundo plano. Jesús alabará al Padre por dar a conocer estas cosas a los pequeños (Lc 10, 21). Quiere que los suyos entremos en el Reino llegando a captar y vivir estas cosas. Y la palabra que mejor define estas cosas es la palabra gratuidad.
Sentado frente al cepillo del templo, observaba cómo la gente echaba monedillas en el cepillo.
Siempre debe ser Él, Jesús, el principal foco de atención. Contemplamos cómo, sentado, observa. Y, contemplando, aprendemos a mirar como mira Él. Aprendemos a ver en profundidad, a descubrir la grandeza en lo pequeño, a ver con el corazón. Y entonces, llamando a los discípulos, les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que todos los demás. Lo comenta sin que ella se entere. Jesús nos la presenta como modelo a seguir. Nos pide que nos comportemos como ella, porque ella se comporta como Él que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos (2 Cor 8, 9).
Comentarios