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07/01/2026 Miércoles del tiempo de Navidad (Mt 4, 12-17; 23-25)

  • 6 ene
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Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.

Se podría pensar que Jesús se establecería en el templo, ya que la gente acude al templo para encontrar a Dios. Pero no; es Él quien va allí donde la gente se encuentra.

 

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca.

 

Parecería que la predicación de Jesús es idéntica a la de Juan Bautista. También Juan comenzó su predicación con esas palabras: Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos (Mt 3, 2). Pero no; el mensaje de Jesús es muy distinto al de Juan.

El Dios del Bautista es Dios justo; paga a cada uno según sus obras: Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no de buen fruto será cortado y arrojado al fuego (Mt 3, 10). El Dios de Jesús, el Dios que es Jesús, es el Dios misericordioso; viene a salvar a todos. Se compara al pastor que no tiene paz hasta encontrar a la oveja perdida (Lc 15, 4). Dirá que si nosotros, siendo malos, sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos, cuánto más el Padre del cielo (Mt 7, 11). Llegará a afirmar que cuando yo sea elevado de la tierra atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32).

 

El papa Francisco dice: La Buena Noticia es la alegría de un Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus pequeñitos. El Evangelio no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino.

 
 
 

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