07/02/2026 Sábado 4º (Mc 6, 30-34)
- Angel Santesteban

- hace 6 horas
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Vosotros venid aparte, a un paraje despoblado, a descansar un rato.
Ha sido su primera misión. Habían sido enviados con poder sobre los espíritus inmundos (Mt 6, 7), aunque sin instrucciones precisas sobre lo que tenían que predicar. Ahora, muy contentos, cuentan a Jesús lo bien que les ha ido. Él, contento de que estén contentos, les invita a un descanso. Parece no dar importancia al éxito de la misión. Se diría que lo suyo congenia mejor con el fracaso que con el éxito.
Jesús quiere que sus discípulos aprendan a retirarse y descansar. Ellos solos; solos con Él. Igual que Él suele retirarse al comienzo del día para estar a solas con Abbá. Ese retiro, a solas con Él, es el vivero en el que brotan y crecen la misericordia y la compasión. Sin ese retiro, la ocupación se convierte en preocupación, y se pierde su perspectiva de la misión.
Al desembarcar, vio un gran gentío y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor.
Después de haber devuelto a la vida a la hija de Jairo, la fama de Jesús se ha extendido. La gente le busca; no le permite descansar. Pero, aunque se trate de una búsqueda interesada, Jesús no muestra contrariedad; le puede la compasión. No se le ocurre subir a la barca y escapar. Las entrañas de misericordia de nuestro Dios sienten compasión especial por quienes van por la vida como ovejas sin pastor.
Decía el Papa Francisco que necesitamos una ecología del corazón, compuesta de descanso, contemplación y compasión. Si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera. Si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud de quien quiere poseer y consumir.
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