08/02/2025 Sábado 4º (Mc 6, 30-34)
- Angel Santesteban
- 7 feb
- 2 Min. de lectura
Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
Hace pocos días los ha enviado de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos (Mc 6, 7). Ahora vuelven encantados por lo bien que les ha ido y cuentan sus experiencias. Jesús les escucha y les dice:
Venid aparte a un paraje despoblado a descansar un poco… Así que se fueron solos en barca a un paraje despoblado.
Este Evangelio nos abre a la contemplación de un Jesús que vive para los demás, que se hace todo a todos. Primero, atento al bienestar de sus discípulos, les invita a descansar un poco. Luego, cuando el descanso que busca no es posible porque la multitud les atosiga, siente compasión de la gente. Entiende que van por la vida como ovejas sin pastor; le da pena tanta desorientación, siente lástima ante tanta hambre de paz y de luz.
Este Evangelio enseña a mirar como miraba Jesús: con compasión, con misericordia. Jesús no era capaz de mirar a nadie con indiferencia. La compasión y la misericordia no brotan del cumplimiento de obligaciones morales o religiosas; brota de la contemplación de Jesús cuando nos retiramos con Él a un paraje despoblado.
Mientras oramos con este Evangelio y contemplamos a Jesús podemos preguntarnos: ¿Con cuántas personas me cruzo a lo largo del día y cómo me relaciono con ellas? Probablemente veremos que, con frecuencia, andamos acelerados, sin prestar mucha atención. Mis ocupaciones cuentan más que esas personas. Tenemos que aprender a ser como Él. Esforzarnos en poner a esas personas por delante de mis ocupaciones cuando sea posible. Que esas personas sientan que, en ese momento, ellas son lo más importante de mi vida.
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