08/03/2026 Domingo 3º de Cuaresma (Jn 4, 5-42)
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Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo.
En este tercer domingo de Cuaresma, de la mano de la Samaritana, tenemos una preciosa catequesis sobre el Agua Viva, Jesús. El próximo domingo, de la mano del ciego de nacimiento, tendremos otra maravillosa catequesis sobre la Luz del mundo, Jesús. Al siguiente domingo, de la mano de Lázaro, contemplaremos a quien dice: Yo soy la resurrección y la vida.
Era mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua.
Parece casualidad. Pero nada es casual. Jesús, antes o después, sale al paso de todo ser humano de manera imprevisible. Muchos no se percatarán de ello hasta el final.
Dame de beber.
Como el padre de la parábola se moría de sed por su hijo, así Jesús tiene sed de todos nosotros. Para eso vino al mundo, para que todos tengamos vida en abundancia. Lo repetirá en la cruz: Tengo sed (Jn 19, 28). La vida de aquella mujer ha sido una búsqueda atolondrada de felicidad: Has tenido cinco maridos, y el de ahora no es tu marido. Jesús se acerca a ella rompiendo esquemas culturales y religiosos.
Estamos ante el relato de una seducción. Cuando Jesús se empeña en algo, lo consigue. Y lo que Jesús hace con la Samaritana, lo hace con todos y cada uno de nosotros. Tardará más o menos; pero, al final, lo consigue. En el profeta Oseas vemos cómo se comportó Dios con la esposa infiel: Yo cerraré su camino con espinos. Perseguirá a sus amantes y no los alcanzará. Entonces dirá: Voy a volver a mi primer marido, que entonces me iba mejor que ahora. Yo voy a seducirla. La llevaré al desierto y hablaré a su corazón (Os 2, 4-25).
Pedimos al Señor que entendamos su poder de seducción para regocijarnos por ello. Unos seremos seducidos antes, otros después. Al final todos, malos y buenos, entraremos y llenaremos la sala del banquete. La omnipotencia de Dios consiste, sobre todo, en mover los corazones mediante el poder de su gracia, de modo que todo ser humano acabe dando libremente el SÍ. Como la Samaritana.
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