09/07/2026 Jueves 14 (Mt 10, 7-15)
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Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde.
Jesús ha escogido a los Doce y les da instrucciones. Son palabras para todos los que hemos recibido el gran regalo de la fe. La fe, como la sal, pone sabor en la vida; como la luz, ilumina el camino de todos los que peregrinamos en este mundo. En toda circunstancia discerniremos la mejor manera de hacerlo. Con sabiduría. Sin imponer ni incomodar. Sin echar las perlas a los puercos.
No llevéis en el cinturón oro ni plata ni cobre, ni alforja para el camino.
Dispuestos a ir por la vida descalzos, sin apoyos. Aceptando la posibilidad de caminar herido. Asumiendo las limitaciones y debilidades propias. Nada de montar y confiar en estructuras y andamiajes impresionantes que enmascaran fragilidades y evitan el sabor a fracaso tan propio del Reino. Sabiendo encajar los disgustos y fallos del vivir de cada día, sin caer en actitudes negativas. Usando más bien las propias limitaciones como trampolines para afrontar los retos que se presentan.
Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si lo merece, entrará en ella vuestra paz.
Nuestra paz es la suya: Él es nuestra paz (Ef 2, 14). Comunicamos paz, comunicamos vida en abundancia, comunicamos experiencia de salvación.
Proclamad que el reinado de Dios está cerca.
¿Cómo hacemos esto? Permaneciendo en Jesús, como el sarmiento en la vid: Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5). Con Él, todo es posible. Es posible una misión espectacular como la de san Francisco Javier. Y es posible una misión menos espectacular pero no menos eficaz como la de santa Teresita. El caso es estar vacíos de nosotros mismos para estar llenos de su Espíritu.
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