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09/09/2020 Miércoles 23 (Lc 6, 20-26)

Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía: Dichosos los pobres, porque el reino de Dios les pertenece.

Dichosos. De eso se trata. Para eso vino al mundo. En otro momento lo dirá con estas palabras: Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia (Jn 10, 10). Quien de verdad quiere la felicidad tiene que aspirar a cosas grandes. El beato P. G. Frassati, muerto a los 24 años en 1925, decía: Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender y sin sostener la verdad, en una lucha continua, no es vivir, sino ir tirando. Jamás debemos ir tirando, sino vivir.

Dichosos. En las Bienaventuranzas Jesús nos muestra quiénes son los preferidos de Dios y, por tanto, dónde encontrar la felicidad. Así mismo, nos dice dónde no buscar la felicidad. Las Bienaventuranzas denuncian a quien se instala en la autocomplacencia, blindándose al grito de sus hermanos más empobrecidos. Su felicidad es vana e ilusoria porque está construida sobre la indiferencia y el sufrimiento de aquellos a quienes da la espalda. Por eso su falsa alegría se tornará en llanto y vacío (Papa Francisco).

Dichosos. Las Bienaventuranzas son el camino de la felicidad. Es necesario ver en ellas, ante todo, un retrato de la persona de Jesús. Las Bienaventuranza cobran sentido cuando las contemplamos con Jesús como telón de fondo. De no ser así, las calificaremos de utópicas. Pero si escuchadas mientras contemplamos a Jesús, entonces asumimos con toda sencillez que lo imposible para los hombres es posible para Dios.

Dichosos. Si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Desplázate de aquí allá, y se desplazará (Mt 17, 20). Si tenemos fe, si creeremos en las Bienaventuranzas, ellas nos harán felices. Será cosa suya, no nuestra.

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