09/12/2025 Martes 2º de Adviento (Mt 18, 12-14)
- Angel Santesteban

- 8 dic 2025
- 2 Min. de lectura
¿Qué os parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una: ¿no dejará en los montes las noventa y nueve para ir en busca de la extraviada?
Jesús nos pregunta qué nos parece. Si somos sinceros, responderemos que a nosotros nos parece que hay ovejas que ya no tienen redención posible. Diríamos incluso que algunas de ellas se han buscado solas la degradación que padecen. Pero cuando nos ponemos a contemplar al Pastor, vemos que nos queda mucho camino por recorrer hasta alcanzar la meta de un corazón misericordioso como el suyo. Porque Dios nunca desahucia a nadie; nunca da a nadie por perdido; siempre encuentra la manera de recuperar a los más desgraciados de sus hijos: El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19, 10).
¿Queremos saber cómo es Dios? Contemplemos al Pastor: sale a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra…; y cuando la encuentra se la pone muy contento sobre los hombros (Lc 15, 5). El gozo del pastor con sus ovejas sensatas es un gozo sereno; el gozo del pastor con su oveja encontrada es un gozo desbordante: Tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no extraviadas. En ningún momento se le ocurre a Jesús culpabilizar a la oveja por haberse extraviado; como en el caso del pródigo. Dios contempla al pecador con pena y con cariño, sabiéndole víctima y no responsable del pecado.
Jesús concluye la parábola con unas palabras que afianzan nuestra seguridad: De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños. ¡Ni uno solo! La seguridad es total, porque lo que Dios quiere lo hace.
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