13/03/2026 Viernes 3º de Cuaresma (Mc 12, 28-34)
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Un escriba que escuchó la discusión, al ver lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?
La discusión con los saduceos sobre la resurrección de los muertos había concluido así: No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error. El escriba, encantado con la respuesta de Jesús, espera una clarificación. La tiene: El primero es: …Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón… El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.
Amor a Dios y amor al prójimo. No son dos amores distintos. Es un único amor. Amor como el de Dios: hasta el extremo. Amor extremo puesto de manifiesto en la cruz. Amor que tiene poco que ver con el enamoramiento. Amor que es paciente y amable… Amor que no toma en cuenta el mal. Amor que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Cor 13, 4-7).
Entre cristianos piadosos puede darse el error de poner el amor a Dios por delante del amor al prójimo. Santa Teresita confiesa que también ella cayó en este error: Este año (era ya el último de su vida), Dios me ha concedido la gracia de comprender lo que es el amor. Es cierto que también antes lo comprendía, pero de manera imperfecta. Yo me dedicaba sobre todo a amar a Dios… Meditando las palabras de Jesús, comprendí lo imperfecto que era mi amor a mis hermanas y vi que no las amaba como las ama Dios. Sí, ahora comprendo que el amor perfecto consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades…
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