12/03/2026 Jueves 3º de Cuaresma (Lc 11, 14-23)
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Estaba expulsando un demonio que era mudo.
Son frecuentes los encuentros de Jesús con personas endemoniadas. En aquella sociedad tan religiosa, no existían límites entre lo natural y lo sobrenatural. Todo trastorno físico o psíquico era atribuido a los demonios; demonios a las órdenes de Belzebú. Hoy, más racionales, tildamos de supersticiosos a quienes no distinguen entre lo natural y lo sobrenatural. ¿No será que también la mentalidad racionalista tiene su qué de superstición por creer tanto en una razón humana tan limitada?
Por Belzebú, príncipe de los demonios, expulsa los demonios.
Aquellos hombres, tan convencidos de lo correcto de su actitud, atribuyen a Jesús poderes demoníacos. El ser humano convencido de estar en posesión de la verdad es un ser peligroso porque dominado por demonios. Sucede cuando, sintiéndonos en posesión de la verdad, llegamos a hacer daño, incluso a matar, en nombre de Dios o de la razón. Son demonios siempre presentes y actuales. Lo vemos a nivel de política internacional como a nivel personal. La paz, el bienestar público y personal, no se consiguen con palabras u objetos agresivos. La paz, el bienestar público y personal, se consiguen abriendo la puerta al Hombre más fuerte.
Mientras un hombre fuerte y armado guarda su casa, todo lo que posee está seguro. Pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus bienes.
El más fuerte ya llegó. Lo anuncia Dios en el profeta Isaías: El que quitará al valiente su prisionero… Así sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu Salvador (Is 49, 24-25). Lo dice Jesús en el Evangelio de Juan: Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo será expulsado (Jn 12, 31).
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