10/08/2026 San Lorenzo (Jn 12, 24-26)
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Os aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
Muy elocuente la imagen del grano de trigo: para que dé fruto debe morir. La imagen describe, evidentemente, al mismo Jesús. El grano de trigo que cayó en tierra y murió es Él. La razón de su muerte empieza y acaba en el amor. Porque Dios es amor. No busquemos otros PORQUÉS. No es cuestión de conseguir algo; es cuestión de dar. De darse a sí mismo. Sin esperar nada a cambio. Así es Dios.
Y ser cristiano es seguir ese mismo camino del amor gratuito. La manifestación suprema del amor se da en el sufrimiento y en la muerte por el amado.
No resulta sencillo descubrir y seguir ese camino. Nos ofuscamos fácilmente con el espejismo de una felicidad desde el egocentrismo; sin amor. Pero, como dice el Papa León, el ser humano no florece a pesar del límite, sino a través del límite. San Agustín, que describe la vida como un lugar de lucha entre dos amores, escribe: Dos amores han dado origen a dos ciudades: la terrena, en el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios; y la celestial, en el amor de Dios hasta el desprecio de sí.
Si el grano de trigo caído en tierra no muere…
También nosotros somos granos de trigo. También nosotros somos el pan que se hace con ese trigo; para eso somos molidos. El Papa Francisco decía: Seguir a Jesús significa tomar como Él las propias cargas y las de los demás, hacer de la vida un don. Jesús nos dice esto: vive el Evangelio y vivirás la vida; no a medias, sino plenamente.
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