11/01/2025 Bautismo del Señor (Mt 3, 13-17)
- Angel Santesteban

- hace 18 horas
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Entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que le bautizara.
Hace unos días celebrábamos la fiesta de la Epifanía; se nos manifestaba, se nos revelaba, la salvación de Jesús para el mundo entero representado por los Magos. Hoy celebramos la fiesta del bautismo de Jesús. Es otra Epifanía. A Jesús se le manifiesta, se le revela, su identidad divina: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Fue una profunda experiencia interior que marcó un antes y un después en su vida.
Al Bautista no le parece adecuado bautizar a Jesús: Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le convence con esta respuesta: Ahora haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos la justicia plena. ¿Entenderia Juan estas palabras? ¿Las entendemos nosotros?
El Papa Francisco explica: La justicia de Dios no tiene como fin la condena del culpable, sino su salvación. Es una justicia que proviene del amor, de esas entrañas de compasión y misericordia que son el corazón mismo de Dios Padre que se conmueve cuando estamos oprimidos por el mal y caemos bajo el peso de los pecados y de las fragilidades.
Con el bautismo de Jesús concluye la edad de la piedra, de la justicia del talión; se abre la edad del corazón, de la gratuidad. Jesús no duda en mezclarse con quienes esperan su turno para ser bautizados por Juan, como un pecador más; entra en las aguas de la debilidad humana, y se abren los cielos para revelar el Espíritu de Dios que baja como una paloma y se posa sobre Él.
En este Jesús que sale del Jordán vemos que la fe es algo personal que trasciende tradición y ley. Es una luz que, aunque brille poco, ayuda a superar oscuridades, y que genera seguridad y compromiso. Porque nos hace vivir como hijos, conscientes de que Él nos quiere, no por lo que hacemos o dejamos de hacer, sino por la sencilla razón de ser sus hijos.
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