11/06/2026 San Bernabé(Mt 5, 20-26)
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Os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los Cielos.
Pablo, antiguo fariseo, sabe bien lo que dice cuando acusa a los judíos de ignorar la justicia de Dios: Pues no reconociendo la justicia de Dios y queriendo afirmar la propia, no se sometieron a la justicia de Dios (Rm 10, 3). Pablo da por bueno el perderlo todo para ganar a Jesús: Lo que para mí era ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Más aún, todo lo considero pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor; por el cual doy todo por perdido y lo considero basura con tal de ganar a Cristo y estar unido a Él. No contando con una justicia mía basada en la ley, sino en la fe en Cristo, la justicia que Dios concede al que cree (Flp 3, 7-9).
Decir justicia de Dios es decir misericordia. Decir misericordia es decir amor gratuito. Cuando contemplamos a este Señor nuestro, quedamos alucinados por la irracionalidad de su amor: se hace hombre, muere en la cruz… En verdad, ¿quién nos separará del amor de Cristo? (Rm 8, 35).
Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal.
Ayer decía Jesús que no había venido a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud. Hoy explica el sentido de esa plenitud. Por ejemplo, el no matarás, va más allá de la muerte física; abarca también insultos y descalificaciones. Es normal que nuestras relaciones estén condicionadas por familia o amistad. Pero Jesús nos propone relaciones abiertas a todos; relaciones cimentadas en el amor gratuito, como el suyo, que supera barreras entre amigos y enemigos.
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