11/08/2026 Santa Clara (Mt 18, 1-5; 10; 12-14)
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Él llamó a un niño y lo colocó en medio de ellos.
En medio: es el lugar que Él mismo ocupa cuando enseña a los discípulos o a la gente. Ahora, el maestro es el niño; está en medio. Jesús nos invita a contemplarlo mientras sus palabras resuenan en nuestro interior: Os aseguro que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de Dios.
Como niños: es una invitación a vivir sin dramatizar ni risa ni llanto. A que no nos acongojemos ante impotencias y fragilidades porque, aunque en buena parte inconscientes de ello, vivimos inmersos en el amor de Dios, como el niño en el de sus papás. El Papa Francisco decía que la verdadera grandeza del hombre consiste en hacerse pequeño ante Dios. Porque a Dios no se le conoce con elevados pensamientos y muchos estudios, sino con la pequeñez de un corazón humilde y confiado.
Esta escena y esta instrucción vienen a cuento de que los discípulos le han preguntado a Jesús: ¿Quién es el más grande en el reino de Dios? Con el niño en el centro del grupo, Jesús nos invita a ponernos de cuclillas, a ponernos a la altura de los más pequeños. Es la condición para entrar en el reino.
Los discípulos ven y escuchan, pero no entienden. No lo entendemos, y seguimos creyendo, por ejemplo, en el poder del poder. O que en la tarea de la evangelización importan mucho estructuras, rangos y jerarquías. Jesús es paciente. Sabe que nos es complicado asimilar que la iniciativa es toda de Dios. Un Dios que viene a nuestro encuentro y nos salva. ¿Qué noticia mejor que ésta? Lo nuestro es aceptarla cediendo gozosamente a Dios todo el protagonismo.
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