12/06/2026 Sagrado Corazón de Jesús (Mt 11, 25-30)
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Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
La devoción al Sagrado Corazón ha sufrido de dolorismo. Parece que nos sentimos mejor enredándonos en el pecado humano que en el amor divino. Santa Teresita escribe a una de sus hermanas pidiéndole evitar vivir la devoción al Corazón de Jesús con los aires tristes de la reparación y de la expiación; le aconseja vivir esta devoción con los aires gozosos de la confianza ilimitada en el amor de Jesús: Lo que le agrada es verme amar mi pequeñez y mi pobreza; lo que le agrada es ver la esperanza ciega que tengo en su misericordia. Desde que se me ha concedido a mí también comprender el amor del corazón de Jesús, confieso que Él ha desterrado todo temor de mi corazón. El recuerdo de mis faltas me humilla y me lleva a no apoyarme nunca en mi propia fuerza, que no es más que debilidad; pero sobre todo, ese recuerdo me habla de misericordia y de amor.
Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
A Jesús no se le ocurre decir: No os preocupéis, que no vais a sufrir porque yo soluciono todos los problemas. Solamente dice: Yo os aliviaré. Nos invita a seguirle por el camino de la cruz. No puede contradecirse ofreciéndonos ahora un camino de rosas. El discípulo no es más que su maestro. Pero nos promete descanso. Ni playa ni montaña. Él mismo es el lugar ideal para el mejor descanso, para la plenitud de la paz.
La fiesta del Sagrado Corazón es la fiesta del Amor. Dios nos ama a todos incondicionalmente. Vivir esta realidad es tener asegurado el descanso permanente.
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