15/02/2025 Sábado 5º (Mc 8, 1-10)
- Angel Santesteban
- 14 feb
- 2 Min. de lectura
¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?
También los discípulos, como Jesús, ven la necesidad de la gente; también ellos, como Jesús, sienten compasión de la gente. Pero no pasa por su cabeza, como pasa por la cabeza de Jesús, la solución del problema. Solución que comienza por compartir: ¿Cuántos panes tenéis?
Es curioso, comenta el Papa Francisco, que en los relatos de la multiplicación de los panes no aparezca nunca el verbo multiplicar. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: partir, dar, distribuir. Queremos multiplicar para nosotros; Jesús aprecia cuando dividimos con los otros, cuando compartimos.
Tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.
¿Hubo un momento bien preciso en el que se multiplicaron aquellos siete panes? ¿Fue al pronunciar la acción de gracias? ¿O al partirlos? ¿O cuando los discípulos los iban distribuyendo? Imposible precisarlo. Ellos se habían acercado a Jesús y le habían entregado sus siete panes. Luego Jesús se los devuelve y ellos se mueven entre la gente asombrados de que el pan brote de sus manos como el agua de un manantial.
La escena nos invita a evocar la institución de la Eucaristía cuando Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio (Mc 14, 22). Nos invita a preguntarnos cómo la vivimos. ¿Vivimos la Eucaristía de forma pasiva, como la gente que, sentada sobre la tierra, recibió y sació su apetito? ¿O la vivimos de forma activa, como los discípulos que sirvieron a la gente? Si todo creyente es discípulo, todos nosotros estamos llamados a vivir sirviendo a la gente.
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