15/06/2026 Lunes 11 (Mt 5, 38-42)
- hace 12 minutos
- 2 min de lectura
Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo que no opongáis resistencia al que os hace el mal.
Al final de este capítulo quinto de Mateo, Jesús llega a pedirnos que seamos perfectos como perfecto es nuestro Padre del cielo. El Evangelista Lucas, en lugar de hablar de perfección, prefiere hablar de compasión o misericordia (Lc 6, 36); son sinónimos para Lucas. Es que el amor de Dios no se ajusta a nuestros criterios de correspondencia o meritocracia, pues Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rm 5, 8).
Pues yo os digo. Jesús nos pide que seamos tan de Dios que nos parezcamos a Él y ya no podamos darnos por ofendidos. A eso conduce el ser pobre de corazón de la primera de las Bienaventuranzas. Así llegamos a presentar la otra mejilla, a reaccionar con amabilidad, a renunciar a toda agresividad, como pide Pablo a la comunidad de Roma: No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien (Rm 12, 21).
Por otra parte, Jesús no siempre ofreció la otra mejilla (Jn 18, 22-23). No nos está pidiendo resignación, ni que olvidemos derechos humanos o divinos. También nosotros, como los ordenadores, necesitamos actualizar constantemente nuestra aplicación; o nos dejaremos llevar por los impulsos más violentos. Jesús asocia esa actualización a la oración: Permaneced despiertos y orad para no caer en tentación (Mc 14, 38).
Necesitamos discernimiento actualizado para cada momento y cada circunstancia. Si vivimos amarrados a Él, como los sarmientos a la vid, seguiremos el camino bueno: el suyo. Y si, a pesar de todo, nos equivocamos, el error no nos quitará la paz.
Comentarios