15/09/2026 Virgen de los Dolores (Jn 19, 25-27)
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.
Su madre. El Evangelio de Juan nunca la llama por su nombre, nunca la llama María. Hablará de ella hasta en ocho ocasiones, y siempre la llamará madre. Y es que, como el foco de todo discípulo debe estar siempre centrado en Jesús, ella, la madre, nos ofrece la referencia perfecta para este modo de vida. Ella, la madre, está tan centrada en el Hijo, que pierde su nombre y no tiene otra identidad que su referencia a Él. También San Pablo: Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Ga 2, 20). Es la desapropiación total.
Junto a la cruz de Jesús.
En el Evangelio de Juan, Jesús habla con frecuencia de LA HORA. Se refiere al momento de la cruz, momento de la suprema manifestación del amor de Dios. Jesús había dicho en Caná a su madre: Todavía no ha llegado mi hora (Jn 2, 4). Ahora es LA HORA. LA HORA anunciada por Simeón también para la madre: A ti misma una espada te atravesará el alma (Lc 2, 35). Es LA HORA del penoso parto cósmico. Jesús desvela el sentido de la cruz y la fecundidad del sufrimiento con la hermosa comparación del parto: La mujer, cuando va a dar a luz, está triste porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda el aprieto (Jn 16, 21).
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Y yo la recibo en mi vida como el don más precioso que me hace Jesús: Ahí tienes a tu madre.
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