16/01/2026 Viernes 1º (Mc 2, 1-12)
- Angel Santesteban

- hace 3 horas
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Llegaron unos trayendo a un paralítico entre cuatro.
Ayer, un leproso se acercó a Jesús y le suplicó: Si quieres, puedes limpiarme. Hoy, un paralítico es acercado a Jesús por cuatro amigos. El de ayer era un hombre de iniciativa y coraje que no dudó en incumplir la ley para acercarse a Jesús. El de hoy es un hombre sin iniciativa, pegado a su camilla; ni dice ni hace nada. Eso sí, tiene amigos dispuestos a hacer lo que él no puede; ellos ponen su fuerza y su fe al servicio del paralítico. Lo demás lo dejan en manos de Jesús. Es bueno dar gracias al Señor por tantos camilleros que Él ha puesto en nuestras vidas; no nos salvamos solos.
Viendo la fe de ellos, dice al paralítico: Tus pecados te son perdonados.
Jesús sana al paralítico comenzando por lo primero: la salud interior. Ninguna pregunta sobre su vida pasada. Ninguna invitación a prepararse para el perdón. Jesús ejerce su señorío sobre todo mal, y su misericordia sobre toda persona, sin mirar lo que hacemos o dejamos de hacer.
Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
¡Cuánta importancia dan a la camilla tanto Jesús como el Evangelista! Hasta cuatro veces aparece en el relato. Todos tenemos o hemos tenido camillas. La de Jesús fue su pasión. También Él la conserva en las llagas de su cuerpo resucitado. Con sus heridas hemos sido curados (1 Pe 2, 24). Con nuestras heridas curamos a otros, como hizo Él con Tomás.
Todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: Nunca vimos cosa semejante.
La gente sencilla se asombra y glorifica a Dios. La Buena Noticia alegra a los sencillos y escandaliza a los que se creen sabios.
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