16/04/2026 Jueves 2º de Pascua (Jn 3, 31-36)
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Quien viene de arriba está por encima de todos.
Ese es Jesús. San Pablo lo repite en sus cartas: Es el primero en todo; todo tiene en Él su consistencia; lo sometió todo bajo sus pies, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra; desde antes de la fundación del mundo, porque Él existe con anterioridad a todo (Col 1). También el Evangelista Juan: En el principio existía la Palabra. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada.
El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos.
Es voluntad del Padre dejarlo todo en manos del Hijo. Aquí tenemos el fundamento de la realeza de Jesús. Realeza que se inaugura en el momento de la exaltación en la cruz. El letrero que puso Pilato sobre la cruz y que decía Jesús Nazareno, Rey de los judíos, debería decir: Jesús Nazareno, Rey del universo. Es en aquel momento cuando comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo será expulsado (Jn 12, 31). O, como de forma más dramática dice el libro del Apocalipsis: El dragón gigante, la serpiente primitiva, llamada Diablo y Satanás, que engañaba a todo el mundo, fue arrojado a la tierra con todos sus ángeles (Apo 12, 9).
Quien cree en el Hijo tiene vida eterna.
Quienes creemos, además de haber sido salvados, lo sabemos. Es la experiencia de salvación, de la vida en plenitud; aunque todavía en proceso de desarrollo. San Pedro la describe así: No lo habéis visto, y lo amáis; sin verlo, creéis en Él y os alegráis con gozo indecible y glorioso, pues vais a recibir, como término de vuestra fe, la salvación personal (1 Pe 1, 8-9).
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