16/10/2026 Viernes 28 (Lc 12, 1-7)
Hasta los cabellos de vuestras cabezas están todos contados. No tengáis miedo, que valéis más que muchos gorriones.
Estas palabras de Jesús hacen brotar espontáneas las del salmo: Oh Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no persigo grandezas ni maravillas que me superan. No; me mantengo en paz y silencio, como niño en el regazo materno (Salmo 131).
En verdad, la confianza lo es todo. La confianza es fuente de paz, de audacia, de entrega, de todo… Como dice santa Teresita, la confianza y nada más que la confianza, puede conducirnos al amor. Es la confianza que nace de la fe en el amor. De ese amor sin límites de un Dios que tanto nos amó que nos dio a su Hijo; de un Dios que, hecho hombre, nos amó y se entregó por nosotros hasta el extremo de la cruz.
La confianza plena, dice el Papa Francisco, se vuelve abandono en el Amor, y nos libera de los cálculos obsesivos, de la constante preocupación por el futuro, de los temores que quitan la paz. Esta es la verdad que nos hace libres (Jn 8, 32). Por eso que si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rm 8, 31).
No tengáis miedo, que valéis más que muchos gorriones.
La fuerza de mis miedos equivale a la fuerza de mi falta de confianza. Debemos tener claro que Dios no puede permitirse el lujo de perdernos; el precio pagado ha sido grande: Os compraron pagando un precio (1 Cor 7, 23). Valemos mucho. Por la sencilla razón de ser tan queridos; queridos hasta el extremo. Jesús quiere que confiemos en Él en todo momento; también cuando, como Pedro, le fallamos estrepitosamente.
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