17/04/2026 Viernes 2º de Pascua (Jn 6, 1-15)
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¿Dónde compraremos pan para que coman éstos?
Se lo dice a Felipe, después de levantar los ojos y ver a la gente. Quiere hacer el milagro, pero no lo hará sin la colaboración de quienes tiene cerca. A través de Felipe, Jesús nos desafía a todos; quiere que aprendamos a levantar los ojos, a mirar a nuestro alrededor y ponernos manos a la obra. ¡Qué fácil resulta criticar a la sociedad del consumo y del descarte! Menos fácil aplicarnos el cuento a nosotros mismos.
Otro discípulo, Andrés, ha escuchado las palabras de Jesús a Felipe y dice: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Poca cosa. Tampoco cosa de calidad; eran panes de cebada. Y si pensamos que aquel muchacho entregaría su mercancía a regañadientes, tendremos un retrato cabal de nuestras propias limitaciones y mezquindades. Evidentemente, el Señor no necesita mucho para hacer grandes cosas. Necesita solamente que pongamos a su disposición, es decir, a disposición de los prójimos, nuestros dos pescaditos y nuestros cinco panes de cebada.
Jesús lo vive todo desde lo alto de la montaña, sentado allí con sus discípulos. Lo contempla todo desde arriba; como el Padre del cielo. Y, como el Padre del cielo, actúa con superabundancia, aunque nada se perderá. Al final dice: Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.
El relato del milagro tiene, especialmente en el Evangelio de Juan, un fuerte sabor eucarístico. La Eucaristía debe ser para nosotros la firma del compromiso de compartir. Podemos hacernos problema con detalles nimios de si comulgar en la boca o en la mano y podemos pasar por alto lo esencial de la Eucaristía: la solidaridad. Donde falta fraternidad, sobra Eucaristía.
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