18/02/2022 Viernes sexto (Mc 8, 34 - 9, 1)
- 17 feb 2022
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El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Jesús echa mano con frecuencia de la figura literaria de la paradoja. Hoy son varias. Primero, la de negarse a sí mismo. Luego: el que quiera salvar su vida la perderá. Es como decir que el que busca ganar, pierde. El recurso a la paradoja comienza en el Sermón de la Montaña, donde nos advierte que el camino a la vida en abundancia pasa por la pobreza. Ahora nos dice que para seguirle por ese camino hay que negarse a sí mismo. Cosa complicada para quienes vivimos inmersos en una cultura que tanto habla y escribe sobre la autoestima.
Que se niegue a sí mismo. Algunos santos especialmente adictos al Evangelio se contagiaron de la afición a la paradoja. Como Juan de la Cruz: Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. Para venir del todo al todo, has de dejarte del todo en todo.
Que se niegue a sí mismo. Es algo más profundo y radical que la renuncia o la mortificación. Teresa de Lisieux se lo dice así a su hermana Celina: Lo único que hay que hacer es amarle sin mirarse uno a sí mismo y sin examinar demasiado los propios defectos. Jesús me ha enseñado a no llevar cuenta de mis actos.
Que se niegue a sí mismo. Teresa de Ávila lo ha asimilado y se lo dice al Señor con estas palabras: ¿Qué se me da, Señor, a mí de mí, sino de Vos?
Que se niegue a sí mismo. La cosa consiste en no hacer del yo el centro de la persona. En lugar del yo, el Señor y los prójimos.
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