18/02/2025 Martes 6º (Mc 8, 14-21)
- Angel Santesteban
- 17 feb
- 2 Min. de lectura
¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis?... ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís?
Han colaborado dando de comer a una multitud con solo siete panes. Ahora, cruzando el lago, están preocupados porque han olvidado proveerse de panes. ¡Solamente tienen uno en la barca! ¿Habría que escribir ese UNO con mayúsculas? Los protagonistas del relato son el pan y la incomprensión de los discípulos que tanto sorprende a Jesús: ¿Aún no entendéis?
Este Evangelio nos hace evocar el discurso sobre el pan de vida; discurso que se resume en: Yo soy el pan de la vida (Jn 6, 35).
¿Aún no comprendéis ni entendéis?
No es la primera vez que Jesús exterioriza su frustración ante la torpeza de los discípulos. Se lamentó de su poca lucidez para entender las parábolas, y les dijo: ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? (Mc 4, 13). ¿Cómo van a comprender a Jesús, la mayor de las parábolas?
Los discípulos llevan poco tiempo con Jesús y no se han familiarizado todavía con su hablar y proceder. Claro que lo decisivo es que no han sido aún testigos de la cruz y resurrección. Los discípulos estamos supuestos a seguir el mismo proceso de los niños. Desde sus primeros balbuceos, el niño observa con ojos grandes los rostros de papá y de mamá. Poco a poco aprende a hablar con el mismo acento de ellos. Eso es la oración. Mirar sus ojos y boca, con el Evangelio en las manos y ante los ojos. No hay mejor oración cristiana. Así aprendemos. Así llegamos al más íntimo conocimiento de Jesús. Así conocemos el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, y nos llenamos de toda la plenitud de Dios (Ef 3, 19).
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